Este refrán, posiblemente con un tono jocoso, sugiere que para eventos festivos o especiales, es mejor no llevar cosas o personas que sean de gran valor personal o emocional, como «pollinos» (burros pequeños) o «mujeres ajenas». Se puede interpretar como un consejo para evitar situaciones donde lo valioso pueda estar en riesgo o ser motivo de preocupación.