Este refrán resalta que el dolor causado por un azote o una mordedura es agudo y puede durar mientras se siente ese dolor. En otras palabras, cuando alguien recibe un castigo físico o es mordido por un animal, el dolor persiste mientras se experimenta, y puede ser una experiencia dolorosa y duradera. El refrán enfatiza la intensidad del dolor en esos momentos.