Cuando se emborracha un pobre, ¡que borrachón!; pero si se emborracha un rico, ¡que graciosón!: Este refrán refleja una observación irónica sobre cómo se perciben las acciones de las personas según su estatus social. Sugiere que las acciones de un rico pueden considerarse menos problemáticas o más divertidas que las de un pobre en situaciones similares.